Las joyas de la naturaleza -El Banco Activo de Germoplasma de Maíz de la EEA Pergamino (BAP)

Los Recursos Genéticos

En la naturaleza los diamantes se presentan como simples piedras que deben ser minuciosamente trabajados y tallados para que expresen su belleza y adquieran su incuestionable valor. De manera similar, los recursos genéticos (RRGG) tienen un incalculable valor intrínseco, pero requieren del trabajo experto de los investigadores y del desarrollo científico para su “puesta en valor” y, de esa manera, ser incorporados en programas de mejoramiento y/o de investigación.

Según la FAO, los RRGG son la materia prima de la que el mundo depende para mejorar la productividad y calidad de los cultivos, la ganadería, la silvicultura y la pesca. Desempeñan un papel crucial para atender las necesidades alimentarias y nutricionales humanas básicas. Por lo tanto, constituyen un aspecto central de la seguridad alimentaria, la nutrición y la adaptación al cambio climático.

A través de los siglos, la selección natural y la producida por los agricultores, dieron lugar a la aparición de variedades primitivas y razas locales (landraces, en inglés) que evolucionaron y se encuentran en equilibrio en un medio ambiente físico y socioeconómico específico. Han desarrollado caracteres heredables como ser resistencia y/o tolerancia a factores bióticos o abióticos y/o presentan componentes intrínsecos de importancia para la producción.

A partir de la década de 1970 se generalizó el desarrollo y utilización de variedades comerciales uniformes que se caracterizan por presentar elevada productividad y adaptación a diferentes condiciones climáticas. Reemplazaron rápidamente a las variedades primitivas produciendo acelerada erosión genética (pérdida de la variabilidad) en diversos cultivos. Ante la situación planteada y con el propósito de reducir la pérdida de germoplasma, la FAO y el IBPGR (Instituto Internacional de Recursos Genéticos), hoy Bioversity International, auspiciaron la colecta y preservación de razas locales y variedades primitivas en regiones donde se disponía de riqueza genética nativa de los cultivos, como fue el caso de maíz en nuestro país.

Los bancos de germoplasma – BAP 

Los bancos de germoplasma son repositorios destinados a conservar los RRGG, principalmente semillas. Mediante cámaras con control de temperatura y humedad, tratan de imitar a las condiciones naturales que se presentan en las regiones templadas y frías, donde las semillas maduras se mantienen sin germinar hasta que se presenten las condiciones ambientales apropiadas. Esta situación ocurre en el 90% de las especies cultivadas y en el 100% de los “granos”.

En 1969 la EEA Pergamino inauguró el Banco Activo Germoplasma de Maíz (BAP), equipado con cámaras de conservación con control de temperatura. Previamente las colecciones de trabajo, se mantenían en condiciones ambientales por lo que se deterioraban rápidamente, afectadas además por el ataque de insectos y roedores. Debían ser multiplicadas con frecuencia, perdiéndose mucho germoplasma durante dicho proceso. Con la incorporación de las cámaras se almacenaron los materiales que fueron recolectados desde las décadas de 1950 y 1960. Dichas poblaciones representan la historia genética del cultivo que se sembraban antes de la irrupción de los híbridos, hoy utilizados prácticamente en el 100% de la zona núcleo de producción de este cereal.

A fines de la década de 1980, INTA implementó, a nivel Institucional, el Programa de Recursos Genéticos y se organizó la Red de Bancos de Germoplasma. Actualmente las actividades de RRGG se realizan mediante la “REDGEN” constituida por las Redes de Recursos Fitogenéticos, la de Zoogenéticos, la de Microbianos y la de Forestales. El BAP integra la Red Recursos Fitogenéticos con la responsabilidad del cultivo de maíz y de especies forrajeras de clima templado.

Actividades del BAP

Una de las premisas fundamentales del BAP ha sido y sigue siendo “la conservación para el uso” lo que implica una visión utilitaria de los materiales, sin descuidar todas y cada una de las acciones específicas que realiza un banco de germoplasma. Dichas actividades incluyen la obtención del germoplasma a través de la colecta y el intercambio, el acondicionamiento y conservación de las entradas en las condiciones más adecuadas posible para su supervivencia. Cuando los materiales presentan disminución de la viabilidad y/o cantidad de semillas, se realiza la regeneración  a fin de mantener la calidad y cantidad del germoplasma para ser caracterizado y evaluado.  De esa manera se puede  conocer sus características con el propósito de ponerlos en condiciones de uso  para su posible incorporación en los programas de mejoramiento mediante el premejoramiento y/o el aprovechamiento integral de las razas locales por parte de los agricultores.

La colección de germoplasma de maíz del BAP corresponde exclusivamente a razas locales nativas que fueron incorporados desde la década de 1950 hasta 2009, cuando se realizó la última de 13 giras que cubrieron la mayor parte del país. Se colectaron 2.469 entradas desde el nivel del mar hasta más de 3500 m de altitud. Todo el material se encuentra conservado en cámaras a 5 - 7°C. Previamente fue secado hasta un 5 a 6 % de humedad de la semilla y envasado en bolsas impermeables termosalladas con capacidad de 1 a 1,5 kg.

 “Lo que no se conoce no se usa y lo que no se usa se pierde”, es lo que ocurrió con numerosas colecciones de germoplasma, debido a que las actividades se limitaban al mantenimiento de los materiales, pero no a su utilización ya que se consideraban un gasto y no una actividad estratégica a largo plazo. Dicha situación se mantuvo, en el orden internacional, hasta 1987 cuando se implementó el Proyecto LAMP (Proyecto Latinoamericano de Maíz), cuyo objetivo fue evaluar las características productivas de las razas locales de maíz de América. El mencionado proyecto, fue pionero a nivel mundial y, a través del mismo, se abrieron por primera vez y en forma masiva, las puertas de los bancos de germoplasma luego de las colectas en gran escala, realizadas en la década anterior. Participaron 13 países y se evaluaron alrededor de 15.000 entradas de las cuales 334 pertenecían a nuestro país, de las cuales 18 fueron seleccionadas por presentar características superiores.

Previo a la participación en el proyecto LAMP, las actividades del BAP estuvieron enfocadas en el análisis y caracterización de las entradas. Se describieron 44 formas raciales o tipos diferentes de maíces nativos, siendo las provincias de Jujuy y Salta las que presentaron la mayor riqueza de tipos raciales.

Además de caracterizar las entradas, desde 1990, el BAP se dispuso a evaluar la colección para identificar materiales que puedan ser utilizados por los mejoradores. Una de las primeras acciones fue evaluar 120 entradas de la raza Cristalino Colorado por presentar características similares a los maíces comerciales.

 A fin de determinar el comportamiento a la virosis “Mal de Rio IV”, se evaluaron 453 entradas en la zona endémica, 20 fueron seleccionadas por su excelente comportamiento y se obtuvo la línea LP563, resistente a la virosis, que fue inscripta en el INASE.  

La calidad se analizó a través del proyecto “PROCIM”, entre 1993 y 1997 se evaluaron más de 500 entradas de diferentes formas raciales y origen geográfico. Se determinó contenido de almidón, proteínas, amilosa, zeínas y otros caracteres relacionados a calidad comercial, como  peso hectolitrico e índice de flotación de los granos. Se encontraron poblaciones con contenidos superiores a los valores promedio por lo que se seleccionaron entre el 10 % y 15% de las entradas evaluadas, para su incorporación a los respectivos programas de mejoramiento. En el año 2000, alrededor de 250 variedades locales de razas de clima templado, fueron cruzadas con materiales selectos de los programas de mejoramiento del INTA y de Criadores Privados, para evaluar aptitud combinatoria y factores de calidad que aporten valor agregado. Se identificaron y seleccionaron 21 entradas del BAP que fueron incorporadas a los programas de mejoramiento.  

En 2002 se iniciaron los estudios sobre la enfermedad Fusariosis de la espiga. En una primera etapa, se evaluaron 280 entradas, 39 de las cuales, fueron seleccionadas por su resistencia a la mencionada enfermedad y 10 se incorporaron al programa de mejoramiento genético. Desde 2010, se evaluaron materiales de ciclo corto, provenientes del sur del país, que fueron cruzados por líneas élite del programa de mejoramiento de maíz, a fin de acortar el ciclo de las mismas.

Actualmente, con la UNNOBA (Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires), se llevan a cabo dos proyectos de colaboración.  En uno de ellos se evalúa la tolerancia a salinidad y/o sequía de las poblaciones locales en etapas tempranas de desarrollo. Hasta el momento se evaluaron 170 entradas. El propósito del otro proyecto consiste en encontrar resistencia a múltiples enfermedades que se presentan en la región pampeana. Al presente se están evaluando 200 poblaciones.

Las actividades mencionadas están dirigidas, básicamente, a detectar genes y/o combinaciones de genes que resultan en un aprovechamiento parcial de las entradas por parte de los programas de mejoramiento (premejoramiento). Por otro lado, el BAP está abocado en promover el uso directo de los materiales conservados, que consiste en el aprovechamiento integral de las razas locales o sea de las entradas en su totalidad. Esta situación se presenta en la restitución o reintroducción de los materiales en sus zonas de origen que, por diversas causas, se dejaron de cultivar. Además, hay un creciente interés de productores que prefieren utilizar razas locales y no los híbridos o variedades mejorados. La mencionada situación se presenta con agricultores que se dedican a la producción orgánica y/o a la llamada producción agroecológica, que requiere materiales que sean no “OGM” y con bajos requerimientos de insumos.   

Para realizar las acciones antes mencionadas, es fundamental disponer de semilla de calidad y en cantidad adecuada, por lo que las entradas deben ser regeneradas, manteniendo la estructura genética. La actividad debe realizarse en ambientes similares a donde fueron recolectadas. Mediante la colaboración del Banco de Germoplasma de Salta (BANOA) se realiza la regeneración de los materiales de altura provenientes de la región Andina y Valles Calchaquíes y a través de la EEA Leales, los de tipo subtropical.

Nuestro país carece de un Sistema Nacional de Recursos Genéticos. Las actividades se realizan a nivel institucional, principalmente por el INTA a través de la REDGEN. Sería conveniente disponer de una estructura nacional que incluya a los diferentes actores involucrados en la temática, que contemple la financiación y el desarrollo de las actividades de estos bienes estratégicos a fin de asegurar la disponibilidad de genes de importancia para las futuras generaciones. Para que suceda, sería importante que las autoridades gubernamentales y los tomadores de decisiones en las instituciones comprometidas, consideren realmente a los RRGG como las “joyas de la naturaleza y no solo como simples piedras” que ocasionan gastos porque hay que mantenerlas.

 Agradecimientos: a la Dra. Raquel DEFACIO y a Marcela Agustina FERRER por sus valiosos aportes en la lectura y revisión del manuscrito.